
Era previsible que la legislatura acabara con un
empate entre los dos grandes bloques de la política española. Cuatro años de match nulo. La partida no empezó en el 2004, sino once años antes, en 1993, con tres elementos clave: la mala digestión de la segunda derrota electoral de Aznar, la reacción al atentado terrorista que sufrió en 1995 quien sería el futuro salvador de España y la larga y triste decadencia del Felipe de las dulces derrotas. González se comportó como un faraón hierático y majestuoso, incapaz de variar un rumbo que la nave socialista directamente hacia el desastre. El match nulo de 2008 se parece al partido nulo de 2004 e incluso en el de 1996, cuando el PP ganó por los pelos aunque lo tenía todo a favor. Este país está dividido en dos grandes bloques, uno muy sólido y estable (es en buena parte el legado de la generación Aznar: pasar de los 5 millones de votos en los 9-10, números redondos) y uno menos caudillista, menos automático, más crítico, más voluble, el sociata, que sobre una base sólida de 7-8 millones de votos puede llegar a los 10-11. A esta cifra tendríamos que sumar algo más de 1 millón de votos post-comunistas/ecologistas. Por las bandas, donde se genera el único juego político posible para el desempate, aparecen los diversos nacionalismos periféricos, con unos 2,5 millones de votos que no son nada fáciles de sumar establemente al bloque pepero o sociata a la hora de hacer pactos.
El mapa, grosso modo, es más o menos el mismo. Vamos camino de culminar dos largas décadas de un mapa político español bastante inmóvil, sin mayorías abrumadoras. El reloj de la historia ha favorecido hasta ahora el reforzamiento de la derecha y el estancamiento de la izquierda, y tal como pinta el siglo XXI, el péndulo no tiene intención de momento de cambiar de sentido. Los integrismos religiosos (el de la iglesia romana, el protestante norteamericano, el musulmán, el judío) acaban de rematar el panorama y cada día limitan un poco más el margen de movimiento. Todavía les queda mucho recorrido por delante. Si hay nuevas guerras globales (religión mezclada con petróleo, agua o sangre) lo tendremos todavía más difícil hasta que los liberalismos y progresismos diversos reencuentren el vigor y el camino. Hoy por hoy no hay peligro. Business as usual ... Bajo un paisaje de niebla electoral ...
Bombas y mentiras. Podemos teorizar lo que queramos sobre el 11-M, pero es verdad que aquellas bombas y aquellas mentiras empujaron a ZP hacia la presidencia del gobierno. Las mismas bombas islamistas, con una inteligente y sensata reacción del gobierno Aznar, le habrían podido dar la mayoría absoluta al candidato del "dedazo", Rajoy. Pero escogieron el camino de la mentira de estado y les salió el tiro por la culata. A una buena parte del electorado de izquierdas, mucho más diverso, idealista e imprevisible que el de derechas, se le hincharon los genitales (sometidos a un largo proceso de inflamación con el Prestige, Irak, el bodorrio de la niña, Perejil, Urdaci, las banderas españolas gigantes...) y cogió la papeleta con el nombre de Zapatero. No tanto por convicción como por indignación. Pero la santa indignación que forzó el desempate no es sostenible cuatro años seguidos.
El auto-golpe de estado. Aznar y Rajoy montaron un auto-golpe de estado intentando vilmente cargar a todos aquellos muertos sobre las espaldas de ETA para sacar provecho electoral. Ésta es la verdad de la historia: no les asqueaba ganar unas elecciones gracias a doscientos cadáveres. Pero con las prisas, y por culpa de las ínfulas que habían ido acumulando, metieron la pata: no previeron el efecto movilizador de una parte del electorado que tampoco tenía nada claro que Zapatero fuera el candidato de sus sueños. Yo mismo lo voté sin demasiado entusiasmo, no me acababa de convencer, ni lo hace ahora. Zapatero era más bien desconocido, su proyecto político estaba como mucho a media cocción, no había tenido tiempo de construir una alternativa ni levantar una oleada de cambio. Pero Aznar y Rajoy le (nos) hicieron el favor de su vida. Algún día les tendremos que agradecer que ellos mismos se tiraran por el barranco: su intención era otra, ya lo sé, pero abrieron paso a un país mucho mejor que el que ellos representaban. Si hacemos el ejercicio de imaginar la España de 2008 después de cuatro años de gobierno de Rajoy, no tardaremos en tener carne de gallina...
Tierra quemada. La política del PP tiene un nombre: política de tierra quemada. Ha hecho mucho daño. Daño visible e invisible. Lo iremos notando los próximos años. El PP (incluidos obispos, brunetes mediáticas, teocons y toda la alegre tropa) se ha comportado como un grupo de energúmenos, chulos de patio de escuela o de discoteca de garrulos. Han creado odio. Rabia. Asco. Cansancio. Confusión. Su estrategia calculada y consciente ha tenido un efecto perverso: acojonarnos, obligarnos a perder mucho tiempo con sus burradas, bloquear el gobierno ZP y empantanarlo, alejar a mucha gente asqueada de la política. El PP ha cambiado sabiamente de estrategia en la recta final, ya en el tiempo de descuento y cuando había perdido las batallas del 11-M, de ETA, de la ruptura de España ... Ha callado de repente. Ha disimulado. Confiando en una certeza que es el principal fundamento filosófico de su estrategia: están convencidos de que la gente es tonta y se la puede engañar fácilmente. Creen que el ciudadano medio es imbécil, literalmente. Y actúan en consecuencia.
Victoria a medias. ZP ganó, sí, pero demasiado a menudo olvidamos los casi 10 millones de votos del otro bloque. Era y es el voto de la gente que aprobaba la era Aznar globalmente, que se encontraba el mar de bien con un gobierno de derechas como Dios manda, gente que se pone cachonda cuando escucha la palabra España igual que tiene retortijones con Cataluña o Euskadi y que no se inmutó con el grosero intento de falsificación de que intentó el gobierno Aznar de la mano de los conspiradores Acebes, Zaplana, Oreja y Rajoy y tutti quanti. Las cosas siguen más o menos igual. Este bloque ha resistido.
La furia madrileña. Creo que entiendo una de las dificultades de ZP. Vives en Madrid y escuchas todo el día a la furiosa comparsa del PP. Aunque no quieras, acojona, te condiciona. Hacen tanto ruido, son tan amenazadores, que parece que toda España es una caja de resonancia. No es así. Por ejemplo en Cataluña, ya seas unionista, soberanista o indiferente, nos queda muy lejos el jaleo madrileño. Plantear la política en clave PP, en Cataluña, es un error. El mapa electoral que hace posible un gobierno socialista en España tiene muchas patas y ramificaciones, pero dos bases decisivas: Andalucía y Cataluña. ZP no ha entusiasmado ni seducido a Cataluña. Podía haberlo hecho, tenía todas las cartas en la mano. Pero se perdió por el camino y le hicieron perder el camino, no sólo los energúmenos del PP, sino los españolistas primarios del PSOE. Sólo al final de la legislatura se ha dado cuenta de que estaba patinando peligrosamente, para acabar confiando su suerte electoral a los votantes socialistas de piedra picada: para este viaje no hacían falta alforjas.
ZP: ni frío ni calor. ZP no ha entendido Cataluña en absoluto, aunque haya tenido la mejor de las voluntades, aunque sea del Barça, aunque represente otra España más respirable. Aquí ZP y el PSC tendrán que rendir cuentas por una promesa electoral muy concreta y clara: si gana ZP, gana Cataluña. ¿Ha ganado este país? Creo que sí, globalmente considerado, pero haciendo esfuerzos notables para ver el dibujo y separar el grano de la paja. Con cierta objetividad, estamos bastante mejor en muchos campos, pero también igual o peor en otros.El balance es confuso, más allá de las valoraciones ortodoxas partidistas, que se hacen sobre todo de cara a la galería. Sin embargo, la sensación global es como mucho la de ni fu ni fa. Ni frío ni calor.
Una España mejor. En cambio, España, globalmente considerada, sí que es mucho mejor. Nos merecíamos una España mejor y la tenemos. Aunque media España odie a Zapatero y lo que representa. Tenemos más servicios sociales, no hacemos guerras imperialistas estúpidas, se avanza en infraestructuras, en R+D, en educación, en equilibrio territorial, en solidez democrática, en derechos para las minorías, en respeto y dignidad para las mujeres ... Hemos progresado mucho en cuatro años, hacia Europa, hacia aquel norte del olvidado poeta catalán Espriu ... Se trata de un balance de gobierno espléndido, en el campo social, oscurecido por la más patética etapa política desde la transición, durante la cual han cambiado muchas reglas de juego: básicamente, se han consagrado el juego sucio, la mentira, la intoxicación y el odio como herramientas normales y admisibles para hacer oposición. La mitad de los españoles encuentran que estas técnicas son la cosa más normal del mundo. El fin justifica los medios, todos los medios.
El frío del invierno. En este paisaje desdibujado por la niebla tendremos que ir tomando las próximas semanas una decisión. Una decisión fría y calculada, más de invierno que de primavera, pragmática, sin demasiado entusiasmo, diría que también sin demasiada esperanza. El soberanisme es, en este contexto, el único magma político que genera entusiasmo, esperanza, sueños, ilusión. Para un cierto público, no muy numeroso, pero intensamente. Aunque responda en muchos casos a una huida hacia adelante, sin estrategia y sin base social sólida de fondo: pura táctica, pirotecnia. Este chup-chup soberanista sobreexcitado contrasta poderosamente con el resto de bloques políticos, porque por el camino nos hemos quedado más bien fríos.Ya veremos qué hacemos ... El reloj marca la cuenta atrás hacia el 9 de marzo y todo es posible, el resultado tiende al empate y por tanto es muy, muy abierto...